viernes, 29 de enero de 2016

CARTA ABIERTA A MIGUEL ÁNGEL MANCERA

CARTA ABIERTA A MIGUEL ÁNGEL MANCERA

Como es sabido, usted, Miguel Ángel, llegó a ser candidato a jefe de Gobierno como resultado de una negociación cupular entre Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard. Con la encuesta o a pesar de ella, Andrés Manuel se empecinó en su segunda candidatura a la presidencia de la República y Marcelo aceptó a cambio de que él pudiera ser candidato a la Presidencia en 2018 y, en 2012, determinar quién sería el candidato a la jefatura de Gobierno. Como el delfín preferido de Marcelo, Mario Delgado, no levantaba simpatías entre la población capitalina, optó por usted y a Mario le tocó como premio de consolación una curul en el Senado. Fue así la coyuntura en la que usted llegó a ser candidato y, es cierto, ganó por una abultada mayoría. Pero aún no cantaba el gallo cuando usted ya había traicionado a Ebrard y expresado su interés en ser candidato a la presidencia de la República en 2018. Este tipo de traiciones son comunes entre la clase política mexicana, pero eso no le quita a usted la calidad de traidor, y así es considerado entre los tirios y los troyanos de la clase política local y nacional. Allá usted, allá ustedes, así se llevan. Pero lo que me parece imperdonable es que usted, Miguel Ángel, ya como jefe de Gobierno, haya traicionado a los millones de capitalinos que votamos por su candidatura.

En efecto, no votamos por usted para tener a un jefe de Gobierno "totalmente palacio", al que sólo le gustan los eventos lucidores y deja a sus colaboradores la sucia labor en la cañerías de la política citadina. Tampoco votamos por usted para que entregara nuestra ciudad como botín al capital inmobiliario, ni para que trate de construir plazas comerciales en espacios públicos. Por supuesto, no votamos por usted para que nos aplique un reglamento de tránsito concebido como instrumento de recaudación en asociación con una empresa privada; con su reglamento de tránsito, Miguel Ángel, los ciudadanos nos sentimos como rehenes de quien debería ser el servidor público número uno de nuestra ciudad. Por cierto, supongo que aunque guarde silencio al respecto, usted estará enterado de la persistencia de la corrupción de la inmensa mayoría de sus agentes de tránsito. En fin, no votamos por usted para que se subordinara a Peña Nieto. Más que un jefe de Gobierno usted parece un regente, es decir, un empleado del presidente de la República. Es tal su desprestigio por estas y otras cosas de su gestión pública que sería largo narrar, Miguel Ángel, que yo no me trago el cuento de que usted quiere llegar a la Presidencia. Si usted conserva algo del sentido de realidad y deja de mirar todas las mañanas su espejito mágico, se dará cuenta de que no tiene posibilidades de ser presidente de México. Por eso creo que su plan es fingir que será candidato para, en realidad, negociar su incorporación al gabinete de quien resulte ganador en 2018, o bien ser senador (claro, el fuero protege).

Pronto habrá otro evento de su actuar, Miguel Ángel que, como ciudadano, me parece indignante. Ha sido aprobada una nueva reforma política para nuestra ciudad; tendremos este año una Asamblea Constituyente integrada por cien diputados que discutirán y aprobaran la Constitución de la Ciudad de México. 60 diputados serán elegidos mediante el voto popular, y 40 diputados serán designados por dedazo, al estilo de los monarcas de antaño. La Cámara de Diputados designará 14 diputados constituyentes, la Cámara de Senadores designará a otros 14 diputados, Peña Nieto utilizará su dedo para nombrar a seis diputados constituyentes y usted, Miguel Ángel, nombrará a otros seis. ¿Se da cuenta, Miguel Ángel, de lo que significará este procedimiento de designación de 40 diputados constituyentes? En efecto, se trata de una práctica digna de las monarquías, no de las repúblicas democráticas. Frente a este método de designación de nada valen más de 200 años de lucha para que se respete el derecho al sufragio, de nada vale el principio de soberanía popular ni el de representación, que dan legitimidad a las decisiones de gobernantes y legisladores. ¿Cómo es que con la reforma se pretende dar más autonomía a la Ciudad de México pero se impide que sean los ciudadanos quienes autónomamente elijan a sus representantes en la Asamblea Constituyente? Sin duda, la Asamblea y la Constitución que apruebe tendrán un déficit de legitimidad, y será la norma de más alta jerarquía del sistema jurídico de la Ciudad de México. Y usted, Miguel Ángel, será protagonista de esta regresión que, por lo visto, no le provoca ni un poquito de vergüenza.

Usted, Miguel Ángel, podrá decir que le "impusieron" este método, que si no lo hubiera aceptado entonces no tendríamos reforma. Le voy a conceder el beneficio de la duda. Supongamos que usted no está de acuerdo con el método de designación, pero que le fue impuesto a cambio de que se aprobara la reforma. Bueno, entonces hay una manera de que usted ejerza la facultad de designación a que lo obliga la reforma y, aún así, no traicione el principio de soberanía popular. La elección de 60 diputados constituyentes será mediante el método de la representación proporcional; cada partido político deberá presentar una lista de 60 candidatos (el método para los llamados candidatos independientes está por determinarse). Los ciudadanos votaremos por las listas que presenten los partidos. Cada partido obtendrá un porcentaje de los 60 diputados igual al porcentaje de los votos que haya obtenido. Esto significa que, por ejemplo, si un partido obtiene el 20 por ciento de la votación válida, entonces obtendrá el 20 por ciento de 60 diputados, es decir, serán diputados constituyentes los primeros 12 candidatos de su lista. En este ejemplo, el candidato de ese partido que ocupe el lugar 13 no será diputado, a menos que...

Lo que le propongo, Miguel Ángel, es que usted designe a "sus" seis diputados constituyentes recurriendo al criterio de los resultados electorales, es decir, que una vez realizada la elección y conociendo los resultados electorales, usted (o sus asesores) haga un nuevo cálculo de distribución de las curules suponiendo que no eran 60 diputados a distribuir sino 66, al incluir los seis diputados que a usted "le tocan". Haciendo este cálculo obtendrían la calidad de diputados constituyentes otros seis candidatos de las listas que presenten los partidos (o los candidatos independientes). De esta manera usted "designaría" a los seis diputados en función de los resultados electorales emanados del ejercicio del sufragio de los ciudadanos de la Ciudad de México, a los que usted, supongo, se debe. De esta manera cumpliría con su facultad de designar a seis diputados constituyentes pero lo haría sin cometer una nueva traición a los ciudadanos que dice gobernar, sin traicionar el principio de soberanía popular.

Me he atrevido a hacerle esta proposición porque usted ha dicho que es "de izquierda" (¿recuerda que durante su campaña usted declaró que era de izquierda porque viajaba en Metro?). Bueno, si en realidad es de izquierda entonces no cometerá una nueva traición al pueblo de la Ciudad de México. ¿O sí?

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