miércoles, 27 de septiembre de 2017

Deportivo del SME funciona como albergue, la ayuda solo es de voluntarios

No habían pasado ni dos horas del sismo del martes y cientos de centros de acopio empezaron a aparecer: mesas afuera de casas, restaurantes y en medio de plazas y parques.

La organización, en parte, ya estaba ahí: doce días antes, el sismo que afectó al Istmo de Tehuantepec exigió la colaboración completa de un país que tiene la fama de unirse en medio de las desgracia. Así, esas mesas empezaron a servir para lugares mucho más cercanos, a veces a tan solo unas cuadras de donde se reunía agua, comida, herramientas y manos.


Desde el primer día, después de que se despejó el polvo y nos empezamos a organizar para, primero, comprender el tamaño de lo ocurrido, entendimos que además de los centro de acopio serían urgentes albergues.

Plumas Atómicas comprobó que al menos dos albergues que Locatel y el Gobierno de la CDMX promocionan como oficiales y activos están subutilizados o, de plano, no existen. Mientras, el albergue de la escuela Mártires de Tlatelolco está subutilizado y da cobijo nocturno a 8 damnificados, un albergue consignado en la calle de Chimalpopoca 273, en la colonia Tránsito, es solo un centro de acopio particular y no ofrece ni ha ofrecido alojo a damnificados.

Los sindicalistas sin patrón: el SME

Coapa resultó gravemente dañada: más de 3 edificios colapsaron, entre ellos, uno de departamentos y un colegio; además, más de veinticinco edificios resultaron con daños estructurales graves (por lo menos diez siguen en riesgo de colapso).

A pocas cuadras, el deportivo (que sigue siendo) del Sindicato Mexico de Electricistas (SME), e convirtió a las pocas horas en un centro de acopio, en un punto de encuentro. Un albergue temporal para los cientos de vecinos que tienen que encontrar dónde dormir estas semanas, en lo que trazan un plan, en lo que Protección Civil, sus aseguradoras, su familia y ellos mismos entienden lo que pasó el 19.

Desde ese día, el centro de acopio y albergue se administra con voluntarios, organización colectiva y comunal que depende tan sólo de gente que sigue llegando a ayudar, a servir comida caliente, a organizar víveres, clasificar ropa y medicamentos.

Cómo se organiza la ayuda

En la primera carpa, hay seis personas atendiendo la zona de comida caliente y una orquesta de viento oaxaqueña está tocando, así, sin pedir nada y alegrando un poco el quinto día de esfuerzos y emergencia. Brigadistas, hombres y mujeres con camisolas de mezclilla con parches del SME están sentados comiendo pollo asado, espagueti, arroz y agua fresca, se les nota cansados, frustrados incluso.


La coordinadora del área prefiere que no se diga su nombre, pues, como explican entre todos, la organización no es jerárquica ni hay jefes: conforme llega gente a ayudar se le dan tareas.

"Yo y mi hija llegamos aquí a las 8, habíamos venido ayer, pero había mucha gente. La cosa es estar aquí como si estuviéramos desde el martes.
Tenemos un cuaderno en el que anotamos todo lo que llega, a dónde se envía todo, quien quiera verlo, están ahí los cuadernos"

Entre los voluntarios que trabajan en el área de la comida preparada, Dulce, una niña de 12 años, ha podido procesar su ansiedad y el impacto emocional que produjo el sismo, ha procesado todo a partir de servir comida, de ayudar a quienes están en la zonas de desastre que rodean al albergue.


A unos cuantos metros, una carpa cataloga la herramienta: desde cubetas hasta palas, discos de corte y utensilios especializados que serán enviados a Morelos, Puebla, Xochimilco, al multifamiliar de Tlalpan y a la colonia Girasoles, a dos cuadras del deportivo. Son electricistas, miembros del SME que siguen peleando el dictamen de Felipe Calderón y de su Secretaría del Trabajo y Previsión Social. Les hace falta agua y les sigue faltando herramienta, pero tienen aún y la siguen enviando, "siempre está faltando agua y siempre nos urge herramienta, ya vaciamos nuestras bodegas", me dicen los sindicalistas.

A la entrada del albergue, una carpa de atención psicológica atendida por Estefany, miembro de las brigadas que la Facultad de Psicología que la UNAM envió a la zona, pero que, hoy, está como voluntaria. Hace falta gente, me dice, pues todavía hay personas con crisis, todavía no podemos darnos cuenta del cuidado que debemos tenernos.


Dentro del albergue, en el que era es el salón de fiestas del deportivo, en una esquina hay ropa que está siendo catalogada y empaquetada por cinco personas, Ricardo Rosas, el joven que está coordinando la limpieza y a los voluntarios que siguen llegando. Lo primero que me dice es que aunque llegue gente, ya no están llegando víveres.


Este es un albergue para mil doscientas personas, pero la mayor ocupación que hemos tenido es de 50 personas. Tienen miedo de que sus casas sean derrumbadas sin que ellos puedan sacar sus pertenencias y prefieren dormir en el camellón de [canal de] Miramontes. Aquí tenemos fisioterapeutas, médicos, psicólogos y psiquiatras, todos somos voluntarios y trabajamos junto con el SME, pero no somos parte del sindicato, todos somos voluntarios."

En esos momentos, estaba vacío el albergue, me dice Ricardo, mientras revisamos las posibles razones por las que ni el equipo de #Verificado19S ni las autoridades capitalinas han colocado al albergue entre sus actualizaciones.

"Tenemos los libros y las puertas abiertas, tenemos controles y filtros para saber que lo que donen llegue y ayude, necesitamos seguir trabajando y necesitamos seguir ayudando", me dice Ricardo cuando nos despedimos.

Al momento de salir, los electricistas que seguían separando víveres me recuerdan que ahí, con Dulce y los demás miembros de su equipo, hay comida caliente: "el taco y la comida son para todos, no se le puede negar a nadie", me dicen mientras la orquesta está preparándose para moverse al albergue de Portales, donde van "a ayudar con lo que pueden y con lo que tienen: la música".


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